Buenas noches mayo de 2026
A mis hermanos salesianos y a todos los miembros de nuestra Familia Salesiana
Con humilde respeto quiero asomarme a la vida de la comunidad inspectorial y continuar esta sencilla y familiar costumbre de Nando -las buenas noches mensuales -, en el día que concluye su servicio como inspector de Santiago el Mayor. A él, y a los hermanos que le han acompañado estos años en la animación y el gobierno de la inspectoría, les mostramos nuestra gratitud y el reconocimiento por su compromiso y su sacrificada entrega .
Me presento ante vosotros, miembros de la Familia Salesiana y de las comunidades educativo-pastorales con el convencimiento de que, entre todos, damos vida a nuestra querida inspectoría.
El inspector, que ejerce su servicio en unión con el Rector Mayor, debe actuar con caridad y sentido pastoral, al objeto de formar una comunidad inspectorial fraterna (cfr. C 161). Comunidad que es familia, familia que se convierte en la gran Familia salesiana, ese vasto movimiento de personas que, de diferentes formas, viviendo el mismo espíritu y en comunión entre sí, trabajan por la salvación de la juventud (cfr. C 5).
Somos testigos de una esperanza inquebrantable
En medio del territorio en el que vivimos, que es una porción de la Iglesia que peregrina en este mundo, y a pesar de nuestra frágil humanidad y de las dificultades que a veces nos hacen vacilar, somos testigos de una esperanza inquebrantable , la Esperanza que no defrauda.
¡Cada uno de nosotros es único; y todos somos necesarios! Hombres y mujeres, religiosos y seglares, educadores, catequistas, profesores, animadores… que cada día se esfuerzan por ser entre los jóvenes, signos y portadores del amor que Dios les tiene.
Comienza una etapa con el inicio del servicio del inspector. Pero no iniciamos un nuevo camino. Las caras novedosas que animarán la vida de la Inspectoría lo harán en continuidad con lo que entre todos somos y vivimos: proyectos, programaciones, objetivos, líneas, cronogramas… Ilusiones, pero también fracasos; ideales, y también -por qué no – frustraciones, están presentes en nuestra vida y en nuestra entrega. No será un camino de rosas -siempre hay espinas-; pero será, y así lo creemos, el camino en el que Dios nos quiere.
Dar la vida por nuestros jóvenes
Y a todos quiero deciros que aceptemos de buen grado el sacrificio y las espinas presentes en nuestra vida. Somos discípulos de Alguien que en la cruz se entregó y nos dio su vida. Dar la vida por nuestro prójimo, dar la vida por aquellos con los que compartimos el día a día y, sobre todo, dar la vida por nuestros jóvenes. Y entregarla, como nos decía Don Bosco, haciendo siempre el bien y no buscando el aplauso de nadie, tan solo el reconocimiento de Dios, sin olvidar nunca que un trozo de cielo, lo arregla todo.
Empieza el mes de mayo. Os comparto una simpática anécdota. Hace unos días , me comentaba la mamá de un niño de Infantil de uno de nuestros colegios , que su hijo ya se había aprendido nuestra invocación mariana por excelencia, pero a su modo. Cuando aquel niño escuchaba “María Auxiliadora de los cristianos”, respondía: “Juega con nosotros”.
A Ella le pedimos que juegue con nuestros niños, los más pequeños, que guarde en su regazo de Madre los sueños de nuestros jóvenes, y que cuide el corazón y la conciencia de los que los acompañan.
Y que bendiga nuestros esfuerzos, acepte nuestros deseos y favorezca nuestras esperanzas (Domingo Savio, Reglamento de la Compañía de la Inmaculada).
Un fuerte abrazo con el compromiso de la oración ante nuestra Madre.





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