Buenas noches febrero de 2026

Autor: Fernando García Sanchez
On 7 febrero, 2026

Buenas noches febrero de 2026.

A mis hermanos Salesianos y a todos los miembros de nuestra familia salesiana.

Tras anunciar la muerte de Don Bosco con angustia en el corazón, con los ojos hinchados por las lágrimas y con mano temblorosa, Don Rúa escribió el 8 de febrero de 1888 su primera carta circular a los directores Salesianos.

En ese breve comunicado les enviaba copias del testamento espiritual, un tesoro manuscrito que Don Bosco había dejado para distribuir entre los Salesianos tras su muerte.

A continuación, y tras entrar en aspectos muy prácticos sobre cómo continuar con la vida y la administración de las casas, Don Rúa formulaba un principio orientador para toda la congregación:

“que la santidad de los hijos sea la prueba de la santidad del padre”.

Precioso documento esta carta de Don Rúa, en la que al tiempo que daba indicaciones sobre temas tan concretos, como parar las construcciones para afrontar las deudas económicas o suspender como señal de duelo las actuaciones teatrales de los chicos en el carnaval que se aproximaba, recordaba a aquellos Salesianos y a todos los que vendríamos después, la razón de ser de nuestra actividad y la lectura más profunda que en todo momento deberíamos hacer de la vida y la pedagogía de Don Bosco: la santidad.

Una santidad discreta y profunda, edificada sobre la piedra angular de la unión con Dios que convierte a Jesús en el maestro de la familiaridad, en el compañero permanente del camino de la existencia y en el criterio de discernimiento de todo cuanto se vive y se hace por los demás.

Una santidad que se va edificando, poco a poco, con la ascesis y la mística de la alegría.

Las ascesis que requiere de dosis importantes de paciencia, aguante y mansedumbre para dominar los impulsos personales que nos pueden llevar al individualismo, al ensimismamiento o al orgullo del amor propio que bloquea relaciones, estropea ambientes e impide crecer.

La mística de quién se sabe en las manos de Dios y por eso se siente cada vez más libre y auténtico, más necesario del perdón y más comprometido con ser instrumento de esperanza y misericordia.

La mística que hace posible no tener miedo, aunque haya muchas veces razones para lo contrario, porque nada ni nadie podrá apartarnos del amor y de la paz que Jesús nos ha dado.

Don Rúa supo armonizar los mensajes de calado sobre la santidad de vida con la atención a las cosas prácticas para organizar que una casa salesiana sea un ecosistema educativo donde se comparte vida y se generan espacios de encuentro.

Aprendió de Don Bosco a hacer una lectura pedagógica del Evangelio para cuidar esos modos concretos que nos ayudan a vivir como Jesús nos enseñó.

Por eso retó a cada salesiano y a cada miembro de nuestra familia, en aquella primera carta circular de febrero del 1888, a una santidad concreta, cotidiana, sencilla y profunda.

En este mes de febrero del 2026 me hago portavoz de sus palabras para que lleguen también a cada uno de vosotros que estamos empeñados en tantas tareas y actividades.

No olvidemos nunca quienes somos y porque hacemos las cosas: “que la santidad de los hijos sea la prueba de la santidad del padre”.

Un fuerte abrazo

Fernando

Fernando García Sánchez Inspector SSM

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