La levedad de los días

Autor: Isidro Lozano
On 27 diciembre, 2023

La levedad de los días, título del libro en el que el mismo autor hace la presentación y que merece la pena leer, antes de adentrarnos en sus capítulos. 

No sé por qué me había acostumbrado a eso tan elemental que llamamos vivir.

La vida se vive o transcurre de la misma manera que un día sigue a otro.

Todos parecen iguales y más en el almanaque que tengo delante que, por no distinguir, no diferencia los festivos de los días ordinarios, los días laborables de los días de vacación…

Hasta que un día me planté, rebelándome contra un estilo y modo de vida en el que no sucedía nada digno de ser contado.

En este elemental descubrimiento está el origen de estas «levedades».

Pero este descubrimiento personal había que contextualizarlo.

Un día mientras caminaba hacia la residencia Santa Marina de la que era capellán, en Ourense, me encontré con una dama, «la dama del Paseo», que, con su presencia, era testigo inalterable y fidedigno y que, por lo mismo, me podía ayudar a ver lo que pasaba en mí y a mi alrededor.

La levedad de los días

Esta dama, un busto que recrea las antiguas vendedoras ambulantes de leche que venían de la aldea a la ciudad para «comercializar sus productos caseros», me ofrecía su testimonio de lo sucedido durante muchos días.

Había, pues, encontrado el motivo, el tema y los destinatarios. Lo que surgía dentro de mí merecía la pena darlo a conocer.

Algo tan simple como la vida, mi vida y el «vivir para contarla».

Se me ocurría también que los grandes acontecimientos tienen sus narradores oficiales.

La levedad de los días

Yo me esforzaría por ser un narrador testigo de las pequeñas cosas de la vida de las «levedades del día o de la levedad de los días».

Esas historias tan importantes que pasan desapercibidas casi para todos: el poder de la sonrisa de un niño, la consistencia del suspiro de una anciana, la afirmación de la soledad que embarga a tantos «perros callejeros» o la eterna compañía de quien ha aprendido a estar en la ola de tan triviales acontecimientos.

Y así surgió esta docena de capítulos que encierran diez temas cada uno y que siguen una agrupación que el lector deberá descubrir: la dama del Paseo, la familia Seixalbo, animales de compañía, no pasa nada, historias intranscendentes, cada día su afán, el corazón de lo sencillo, la soledad de la mañana, el mundo pude cambiar, la ternura rejuvenece los días, no hay mañana sin sol y déjame que te cuente.

Son 120 capitulillos  diseñados con su título y con la fecha en que acontecieron, fueron percibidos y, por lo mismo, quedaron codificados y escritos.

Es verdad que en su origen fueron relatados cronológicamente, tal como iban sucediendo.

La posterior agrupación en torno a un tema posible rompía la cronología para dar paso a la unidad de tema y a un argumento parecido o común.

Hay páginas que ya han visto la luz en revistas o en alguna presentación de tareas educativas específicas.

Pero la novedad radica, en la unidad de cada historia y, sobre todo, en su conjunto.

Un manual de vivencias

Se logra así que «La levedad de los días» sea un manual de vivencias que todos guardamos en el corazón, pero que era necesario que alguien las pusiera por escrito.

La levedad de los días

Por eso, tal vez, cuando leas estos capitulillos observes que cuentan tus sentimiento, tus experiencias, tu propia historia; unas historias que tienen más de vida que de historia, una intrahistoria personal y colectiva, que diría Miguel de Unamuno.

Y la pregunta, tan necesaria como inútil: ¿Para qué sirven estas «levedades»? ¿Cómo hacer rentable su contenido?

Se me ocurre que el primer gran servicio es la meditación personal, porque estas historias están llamadas a hacer surgir otras historias en nosotros que son ‘música callada’ y que están llamadas a convertirse en ‘soledad sonora’ y acompañada.

Nada superior a este encuentro con uno mismo en esos momentos en que parece que «no pasa nada».

Luego, como ya hemos dicho, son historias para ser contadas, como la misma vida.

Hay vidas que se viven y hay vidas que se cuentan siguiendo la ‘escondida senda’.

Pueden ser motivo para los ‘buenos días’ colegiales, para la síntesis de una homilía, para contar en un momento determinado, para inspirar otras historias semejantes.

Algunas son, no es la primera vez que así se hace, un precioso regalo de cumpleaños.

Así pues, déjate aleccionar por la dama del Paseo, sigue las intuiciones de Coutiño Seixalbo y no dejes de aprender de los animales de compañía…

Hallarás que cada día tiene su afán, tocarás el corazón de lo sencillo y percibirás la soledad de la mañana.

No te quepa la menor duda de que el mundo puede cambiar, de que no hay mañana sin sol y de que la ternura rejuvenece los días….

Si estas historias intranscendentes, estas historias en que no pasa nada consiguen algo de lo deseado e intuido…, habremos llegado a ese momento en que me atrevo a insinuarte aquello de «déjame que te cuente».

Y no quiero contártelo como me lo contaron, quiero que conozcas ese mundo que hay oculto en muchos corazones y que está esperando a que alguien lo dé a conocer.

Va, pues, de corazones: que el canto de mi vida llegue a tu corazón. Es hora de comenzar.

Nunca hubiera imaginado que teníamos «levedades» tan íntimas y verdaderas que contarnos. En tus manos queda este corazón de lo sencillo, la profundidad de la sencillez, «La levedad de los días».

Isidro Lozano.

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