Somos lo que parecemos

Autor: Isidro Lozano
On 10 enero, 2024

Somos lo que parecemos.

10 de enero 2018. 

Los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos… (Mateo 15,27). 

Hoy va de parecidos y de perros  

Si algún sentimiento me invade ante estos animales es de admiración.  

Me preocupan más las personas que se hacen acompañar de una mascota canina, que los mismos canes y me aflige que la compañía de estos animales esté sustituyendo tristemente a otras compañías, más humanas.  

Somos lo que parecemos

Últimamente en mi caminar diario por la ciudad contemplo, no sin estupefacción, el gran parecido entre el perro y la persona que lo acompaña.  

Las formas, las posturas, los andares, el perro los ha aprendido de sus amos.  

Es un animal de costumbres que aprende con facilidad cuanto se le enseña.  

¿Habéis observado la relación directa que hay entre el ladrido de estos animales y la voz de los humanos cuando muestran su enfado?  

Hay perros, que, como sus amos, no callan, y tienen que estar siempre ladrando a la luna, a los peatones o a sus semejantes.  

Especímenes hay que reproducen con exactitud “la voz de su amo”.  

Es como si, en monosílabos repetidos, intentaran decir lo mismo que sus dueños.  

Que algo está bien, ladrido de aprobación; que algo te parece mal, ladrido de rechazo.  

La ciencia popular ha establecido, y así se lee en los manuales, que un perro inglés no ladra de la misma manera que un perro español o francés; o que un can criado en Galicia ladra diferente de un perro catalán.  

Noa, que vive en el Reino Unido desde que nació, con sus seis años, imitaba cómo ladran los perros ingleses.  

¡Es mayúscula la diferencia! 

Te aconsejo, lector, que observes que mi afirmación no carece de fundamento.  

En ocasiones decimos: “A este perro solo le falta hablar”.  

Algo me está diciendo que el perro y el ser humano mimetizan una misma realidad vivida desde esencias diferentes.  

Una persona que se dedica a cuidar el ganado, se hace acompañar de un pastor alemán o de un mastín leonés; quien busca cariño trata de hallar un caniche o un bulldog; quien anda por la vida enseñando los dientes de la agresividad, se hace con un pitbull o un dóberman, y quien ha aprendido el arte de la falta de implicación se ha adquirido un galgo de testa alzada e indiferente.  

Y aún recuerdo el perro de ciego que acompañaba a José Manuel en mis clases de lengua… “Realmente era el más atento de la clase”.  

Somos lo que parecemos

Y un ruego para terminar.  

Durante una semana observa, al recorrer las calles, el parecido físico entre los perros y las personas que los pasean.  

Te llevarás, tal vez, una de las sorpresas más graciosas de la vida.  

Ni te imaginas el parecido de la dama con su perro de compañía, la semejanza del can con su acompañante.  

Lo confieso; acabo de mirarme en el espejo no sea que, por esta fijación mañanera, se me esté “poniendo cara de perro”.

Isidro Lozano.

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