Don Bosco y el teatro

Autor: Jesús Muñiz González
On 21 octubre, 2020

Don Bosco y el teatro forman un dúo entrañable, alegre y festivo con muchos anexos importantes.

Hagamos un breve repaso por la historia.

A mediados del siglo XIX, Don Bosco funda lo que el llamó “Oratorios”.

Instituciones donde se impartía la enseñanza de un oficio a los jóvenes para prepararlos en la vida y mantenerlos alejados de cualquier actividad delictiva, algo que había realizado siglos atrás San Felipe Neri.

Posteriormente en dichos Oratorios se dictarían cursos regulares (matemáticas, lengua, etc.) que después se convirtieron en los colegios salesianos.

Al ser internos, los alumnos disponían de tiempo libre y es aquí donde Don Bosco introduce la práctica del teatro entre los jóvenes como una herramienta invalorable de enseñanza.

Lo interesante es que prepara un reglamento para dicha actividad que se conoce como

Reglas para el Pequeño Teatro.

Al revisar dichas normas, se ve que mantienen su vigencia en el tiempo y son una pauta imprescindible en la formación de elencos en las escuelas que no deben pasarse por alto.

Ahora, el grupo de teatro Camaux, siguiendo la tradición salesiana, realiza esta actividad y para que sirva de aliciente transcribo las “Reglas para el Pequeño Teatro”.

Creo que algunas las cumplimos, otras a medias y de cualquier  modo que nos sirvan de pauta, para no desafinar en nuestro concierto sobre el escenario, al estilo salesiano.

¡Qué os aprovechen!

Reglas para el Pequeño Teatro

1. La finalidad del Pequeño Teatro es regocijar, educar e instruir moralmente a los jóvenes en la mayor medida posible.

2. Se designa un director del Pequeño Teatro, quien debe tener informado al director de la casa, a su turno, sobre aquello que se desea representar y el día a establecer, y quien debe además convenir con lo mismo, tanto la elección de las representaciones como los jóvenes que deben subir a escena.

3. Entre los jóvenes destinados a representar se preferirá a los mejores en conducta, quienes de vez en cuando y para que sirva de estímulo, serán reemplazados por otros compañeros.

4. Aquellos que estén ya ocupados en el canto o en el sonido procuren mantenerse extraños a la actuación. Sin embargo durante los intervalos podrán declamar un trozo de poesía u otra cosa.

5. Tanto como sea posible, los directores de arte quedan liberados de representar.

6. Procúrese que las composiciones sean amenas y aptas para recrear y divertir, pero siempre instructivas, morales y breves. Lo demasiado extenso, además de prolongar las molestias de los ensayos, generalmente cansan al auditorio, hace perder el valor de la representación y provoca aburrimiento aun con las cosas apreciables.

7. Evítense aquellas composiciones que representen actos atroces. Se tolerará para alguna escena un poco seria, pero serán quitadas del medio las expresiones poco cristianas y aquellos vocablos que, dichos en otra parte, serían juzgados groseros o demasiado vulgares.

8. Que el director esté siempre presente en los ensayos, y cuando éstos se efectúen de noche no deberán prolongarse más allá de las diez. Una ver terminados, debe vigilar que cada uno vaya en silencio inmediatamente a descansar, sin entretenerse en charlas que son por demás dañosas y ocasionan molestias a aquellos que están ya descansando.

9. Que el director tenga buen cuidado en hacer preparar el escenario el día antes de la representación, de modo que no se deba trabajar en el día de la misma.
10. Que sea riguroso en procurar vestuarios decentes y de poco costo.

11. Que para cada entretenimiento esté de acuerdo con los jefes de sonido y de canto acerca de los trozos de música a ejecutarse.

12. Que no permita, a quienquiera que sea, que sin un justo motivo entre al escenario y menos todavía a los camarines de los actores, y además vigile que durante la representación no ser mantengan conversaciones particulares, y también que se observe la mayor decencia posible.

13. Que disponga que el teatro no moleste el horario acostumbrado y, habiendo la necesidad de cambiarlo, hable primero con el Superior de la Casa.

14. Que nadie vaya a cenar aparte; que no se den premios, señales de estima o elogios a aquellos que sean favorecidos por Dios con aquellas aptitudes para representar, cantar o ejecutar. Ellos ya son premiados con el tiempo que se les deja libre, y con las lecciones que se dan en su beneficio.

15. Que impida en lo posible las roturas en la preparación y desarme del escenario y el deterioro en los vestuarios y utilería del Pequeño Teatro

16. Que conserve con cuidado en la pequeña biblioteca teatral los dramas y las representaciones reducidas y adaptadas al uso de nuestros colegios.

17. No pudiendo el director por sí solo, desempeñar cuanto prescribe este reglamento, le será establecido un ayudante que es el llamado traspunte.

18. Que recomiende a los actores una emisión no afectada de la voz, pronunciación clara, gesto desenvuelto y decidido; esto se obtendrá fácilmente si estudian bien las partes.

19. Considérese que el encanto y especialidad de nuestros Pequeños Teatros consisten en abreviar los intervalos entre uno y otro acto con la recitación de composiciones preparadas y recabadas de buenos autores.

Conclusiones

Despues de leerlas tengo que reconocer que el grupo Camaux cumple la primera de las reglas, que me parece fundamental.

Algunas no serían aplicables pues se refieren sobre todo a un régimen de internado.

Otras es bueno recogerlas, reflexinarlas y ponerlas en práctica en la medida de lo posible, pues son muy interesantes. .

Los salesianos que recuerden cuánto valor daba don Bosco al teatro dentro de su “método preventivo”.

Los lectores en general, que vean que este es un lugar donde todos tienen cabida y el grupo Camaux tiene los brazos abiertos para recibirlos. No sirve la consabida disculpa de “yo no sirvo para eso”.

Hay muchas labores dentro de un grupo de teatro, no solo estar sobre el escenario.

Recordemos que:

Don Bosco y el teatro son una pareja inseparable y el grupo Camaux hará lo posible para que esta unión continue en buena armonía.

 

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