Infundiréis temor y miedo

Autor: Jesús Muñiz González
On 22 enero, 2026

Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todo lo que repta por el suelo, y a todos los peces del mar; quedan a vuestra disposición.

Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde.

Sólo dejaréis de comer la carne con su alma, es decir, con su sangre, (Génesis, 9, 2, 4)

Infundir temor y miedo a todos los animales de la tierra no suena hoy como una bendición, sino como una herida abierta en la relación entre el ser humano y la creación.

Tras el diluvio, Dios habla a Noé y constata una realidad nueva: los animales temerán al hombre. No es una orden, es un diagnóstico. Algo se ha roto. La armonía primera del Edén, donde el hombre caminaba entre las criaturas sin desconfianza, ha dejado paso a una convivencia marcada por el miedo. Y el miedo nunca nace de la nada: es fruto de la experiencia.

El texto dice también que los animales “quedan a vuestra disposición”. Durante siglos, estas palabras se han leído como un salvoconducto para la explotación. Pero la Escritura, leída con hondura, no legitima el abuso, sino que carga al hombre con una responsabilidad inmensa. Estar “a disposición” no es estar a merced del capricho, sino confiado al cuidado de otro.

Quizá hoy debamos preguntarnos con honestidad: ¿por qué la creación nos teme? ¿Qué hemos hecho para convertirnos en amenaza en lugar de amparo? La tierra agotada, los mares heridos, las especies extinguidas parecen responder por sí solas.

Este versículo no nos coloca en un trono, sino ante un espejo. Nos recuerda que el dominio sin conciencia engendra miedo, y que solo el respeto puede sanar la relación rota. Tal vez la verdadera tarea del creyente no sea infundir temor, sino aprender de nuevo a caminar por el mundo sin que la creación tenga razones para huir.

Porque cuando el hombre cuida, la creación descansa. Y cuando la creación deja de temer, algo del paraíso comienza, tímidamente, a regresar.

Jesús
Jesús Muñiz González

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Comentarios

7 Comentarios

  1. Isidoro Antúnez

    En la liturgia, este pasaje nos recuerda que la creación es un don confiado a nuestra custodia. La bendición de Dios tras el diluvio incluye también una advertencia: nuestra relación con los animales y con la tierra debe ser de respeto y responsabilidad. Al preparar la ofrenda de los frutos y los alimentos, recordemos que todo lo creado lleva en sí la vida que Dios nos ha confiado, y que nuestro culto verdadero incluye el cuidado de la creación.

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  2. Nerys cabrera

    Donde el hombre impone su dominio sin conciencia, la creación aprende a temer; donde el hombre cuida, el paraíso comienza a regresar.

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  3. Alejandra

    Como ama de casa veo esto todos los días: cuidar de los animales de la casa, de la comida, del jardín, es aprender a respetar la vida que Dios nos confía. No se trata de mandar o de disponer a nuestro antojo, sino de atender con cariño, de no maltratar lo que depende de nosotros. Incluso en las pequeñas rutinas de la cocina o la limpieza, podemos devolverle confianza a la creación y caminar un poco más cerca del paraíso.

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  4. Alicia

    Cuidar la creación es un acto de adoración: en cada gesto de respeto se refleja la vida que Dios nos confía.

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  5. Fernando

    El miedo se rompe con el cuidado; donde se protege, el paraíso empieza a volver.

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  6. Lola

    En la cocina, en el jardín, en cada animal que atendemos, aprendemos a caminar sin hacer huir a la vida.

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  7. Hidalgo

    Desde la perspectiva de la biología, el pasaje refleja una observación profunda sobre la relación entre especies: cuando un depredador adquiere poder sobre sus presas, se generan conductas de miedo que pueden alterar ecosistemas completos. El temor de los animales no es solo simbólico, sino un fenómeno real: los seres vivos aprenden a responder al riesgo. Este texto nos recuerda que la intervención humana sobre la naturaleza tiene consecuencias directas, y que nuestra “disposición” hacia otras especies debe ejercerse con conocimiento, respeto y equilibrio ecológico, para no romper la armonía que sostiene la vida.

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